jueves, 10 de junio de 2010

¿Puede ser una ciudad mas ecológica que el campo?

Siempre se dijo que: –las apariencias engañan-ciudad

A  pesar de que un campo verde ácido nos pueda parecer mucho más acorde con la naturaleza que una ciudad atestada de rascacielos, lo cierto es que la vida en la ciudad es más ecológica que la vida en el campo.

Al menos hablando en términos porcentuales. Y, sin añorar a la naturaleza.

La cría de ganado produce el 18 % de todos los gases de efecto invernadero (más que todos los coches y otras formas de transporte). O sea, el 4 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

Y no hace falta que en el campo que visitemos haya vacas.

Es decir, esas gigantescas fábricas andantes que contribuyen en el efecto invernadero de la TiercasiCampora, son las vacas.

Produce una media de 340 litros de metano al día son los eructos de la vaca.

La producción natural del gas de carbono mas pequeño, el metano, esta presente en numerosos procesos biológicos, propios de la descomposición de moléculas orgánicas mas complejas, por ejemplo: la digestión de los grandes herbívoros como todo animal con buche y fuera de ellos existen numerosos microorganismos que participan en la degradación y que solemos percibir por su mal olor.

Por esta razón  su consumo como fuente energía, oxidándolo en la combustión obteniendo dióxido de carbono. Al igual que combustiones gas hidrogeno, obteniendo agua. Son las formas de obtener energía, armónicas con el incremento de la biomasa verde, productora de alimentos.

En lo personal, en mi casa estoy llevando a cabo una experiencia piloto de tratamiento de aguas servidas para obtener metano y aguas de riego. De la cual los mantendré al corriente.

Porque es parte de un destino de natural desarrollo esas actividades, que se irán adecuando a los tiempos por venir.

Vacas aparte, las personas que viven en ciudades contaminan menos individualmente que los que viven en el campo. Un periodista David Owen confesó que cuando se mudó de Nueva York a una ciudad pequeña, su recibo de la luz aumentó casi diez veces (incluso sin tener aire acondicionado) y pasó de no tener coche a poseer tres. Esta fue su conclusión: Manhattan es “una utópica comunidad ecologista.”

 

 

 

 

 

 

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